Los tambores resuenan con fuerza convocando al pueblo franjiverde a la batalla, a las próximas y decisivas batallas. Ha llegado la hora.
El redoble suena con estruendo. Fuerte y poderoso.
Dicen que el equipo se encuentra despues de muchos años ante la oportunidad histórica de volver a la máxima categoría, pero es un equipo humilde y trabajador que necesita del aliento de sus seguidores, de sus gritos de ánimo, de su presencia en las gradas, de su cariño y comprensión.
Suenan con la rabia de quien llegó a ser Sultan pero ha vivido desterrado en el desierto durante 22 años, muerto de sed, y a merced de los elementos, de quien ha sido objeto de burla por parte de las gentes allá donde pasaba la noche, allá donde montaba su campamento, con el orgullo herido y su histórica herencia a cuestas.
Pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom,
La llamada se escucha nítida e intensa, el pom, pom, se propaga como un incendio, por el espacio físico y por las redes sociales, por Facebook, por Tuenti, por los foros, por e-mail y por los móviles.
Y llega a la casa de Asensi, de Lico, de Marcial, de Lezcano, de Paco Bonet , de Llompart, de Pahuet, , de Canós, de Miguel Quirant, de Iborra, de Pazos, de Trobianni, de Cayetano Ré, de Cardona ... atravesando regiones, valles y océanos.
Suena tan fuerte que incluso se escucha en el más allá, y los escuchan alto y claro Verdú, Romero, Ballester, Esteban, Cesar Rodriguez, y nuestros grandes presidentes José Esquitino y Manuel Martinez Valero.
Pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom,
Los tambores anuncian que el camino será duro, y plagado de dificultades, que nuestros rivales son muy poderosos, pero vale la pena perseguir este sueño, que se lo debemos a nuestros muertos, a aquellos que dejamos por el camino y que hoy son vilipendiados por nuestros enemigos. A aquellos que nos hicieron grandes, y a aquellos gracias a los cuales somos actualmente de este equipo.
Y suenan y suenan en Alcoi, donde nuestros goleadores vieron la luz, y en Ghana, y en Madrid, en Asturias, en Castellón, en Alicante, en Badajoz, y hasta en Rio de la Plata. No paran de sonar de noche y de dia, golpeando duro el silencio sin descanso, con la fuerza del mar en un acantilado.
Pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom,
¡Vamos Elche!
ADELANNNNNNNNNNNNNNNNNNNTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE !!!!!!














