Hay algo extremadamente obsceno en la legalización de la piscina que Pedro J. Ramírez tiene construida, en terreno público, en su mansión de Menorca: la utilización de niños como coartada. Al final, el Gobierno le ha dado un trato de favor y privilegio al periodista y, para camuflar la burla de la ley, han decidido, de común acuerdo, que el director de El Mundo ceda el uso de la piscina, durante cierto tiempo al día y durante un par de meses al año, a los adolescentes que estudian en un colegio cercano. Los niños reciben la caridad de un baño, con criterio de ropero parroquial, y el periodista conserva su piscina construida en el terreno de los españoles. ¡Ejemplar! Me imagino que hay cientos de personas afectadas por la Ley de Costas que estarán preparando entrevistas con las autoridades pertinentes para buscar un acuerdo similar siempre y cuando exista una escuela próxima.
El simbolismo es cruel para quien se ha erigido en vigilante de la fe democrática de la sociedad española. Cuando el periodista se vio inmerso en un escándalo público sobre sus costumbres sexuales, el entonces Ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, no dudó en vulnerar la ley y secuestrar correspondencia en las terminales de correos para evitar la difusión de un video filmado en situaciones íntimas de Pedro J. Ramírez. No hubo mandamiento judicial; se vulneró la ley para favorecer al periodista obviando que éste es un Estado de Derecho y que la inviolabilidad de la correspondencia, incluso en un caso tan intolerable como el que se trata, necesita la garantía de un juez para poder ser alterada.
El actual presidente del Gobierno ha mantenido una relación fluida con el director de El Mundo. Es conocida la anécdota de un importante retraso con que el presidente del Gobierno acudió a un Consejo de Ministros, aduciendo como excusa una larga conversación con Pedro J. Ramírez.
De el director de El Mundo se saben muchas cosas pero se cuentan muy pocas porque un halo de misterio envuelve el poder que maneja y el temor que siembra en quienes tienen algo que ocultar o quienes quieren conservar un poder que pudiera ser alterado por el manejo de la opinión pública. Ahora, el presidente José Luís Rodríguez Zapatero ha decidido que su tranquilidad mediática bien merece manipular la ley, que ya no es igual para todos, y concederle al director de El Mundo una piscina imposible de acuerdo con la legislación. Pero lo peor de todo es que unos niños han sido la coartada.





