Improvisar no es planificar

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franberse
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Improvisar no es planificar

Mensaje por franberse »

Se acabó el mercado de fichajes. No va más. Llega el momento de relajar músculos, aliviar tensiones y darse palmaditas en la espalda por la finalización del encargo. Había que confeccionar una plantilla y eso es precisamente lo que han hecho, o al menos lo que nos hubiera gustado. Como un bachiller en su último examen antes de las vacaciones la sensación es de desahogo, de tensa felicidad, ya que sólo el tiempo dirá si el trabajo ha sido recompensado. En cualquier caso no importa. Todo ha terminado y llega el momento de descansar. Lo que tenga que ser… será.

La diferencia estriba en que ese estudiante difícilmente podrá aprobar si no ha estudiado lo suficiente. El factor suerte también influye, sin duda, pero la preparación previa supone un porcentaje muy elevado de la calificación final. En el caso de nuestro Elche C.F. la sensación es dispar: Los más moderados afirmarán que se podía haber hecho mejor. Todo es mejorable. Mientras los críticos se harán cruces apelando al completo desastre. Y es posible que todos tengan su parte de razón. Hay un puñado de buenos jugadores que junto a la base del año pasado y el cuerpo técnico nos hacen ser moderadamente optimistas. También hay refuerzos que hasta la fecha todavía no han jugado o no han dado el nivel. Este año equivocarse con las incorporaciones es doblemente peligroso ya que ahora cuestan el doble o incluso el triple que antes, por lo que es necesario hilar fino para minimizar errores y, en el peor de los casos, no hipotecar las ya hipotecadas arcas del club.

Sin embargo se hace patente la sensación de que han ido a salto de mata. Más que sensación se antoja evidencia. La firme convicción de que la planificación deportiva propiamente dicha ha brillado por su más completa ausencia. Tras un año de éxitos se vuelve a caer en errores de antaño y se desaprovecha no sólo el mes de competición en el que el equipo ya había conseguido el objetivo, sino también los meses anteriores en los que ya se intuía que salvo apocalipsis esa meta se iba a alcanzar. Una planificación deportiva debe ser realizada por auténticos profesionales, técnicos o entrenadores que también se desenvuelvan en los despachos a la hora de negociar precios y condiciones. Esa planificación implica el seguimiento de jugadores durante todo el año. Jóvenes y veteranos. Promesas con proyección y otros más consolidados. Estos futbolistas se incluyen en listas según precio estimado y posiciones y se subrayan en negrita aquellos que más puedan interesar en función de las necesidades de la plantilla. Las posibles altas y bajas también han de preverse con antelación. Salvo contadas excepciones, durante el transcurso de una temporada ya se puede intuir qué jugadores van a abandonar el equipo y qué posiciones interesa reforzar. A partir de ahí ya están listos para ponerse manos a la obra. No es admisible la excusa de que hasta el fin de la competición no puede negociarse con jugadores porque muchos de ellos, los que acaban contrato, son libres para negociar con quien quieran a partir del uno de enero de ese mismo año. Experiencias tenemos de que así es, ya que de este modo se nos han marchado Etxeita y Xumetra esta misma temporada, Ángel la anterior e incluso el extremo Saúl pocos años atrás. En cualquier caso en las cesiones, de las que se nutre el equipo, no requieren de la negociación no autorizada de un jugador con contrato ya que las conversaciones, lógicamente, se mantienen a tres bandas interviniendo ambos clubes. En resumen: que no cuela. Si hubiéramos hecho las cosas bien en febrero o marzo ya nos hubiéramos visto inmersos de lleno en esta fase, pero no. Salta a la vista que no fue así. Un mes y medio después del ansiado ascenso todavía no habíamos fichado a nadie y ni siquiera había un mínimo proyecto de presentación de jugador. Parece que el salto de categoría cogió desprevenidos a nuestros gestores, que apabullados por las diferencias económicas de una categoría a otra tuvieron que contratar los servicios de un secretario técnico que les sacara las castañas del fuego. Ya era tarde. La ventaja había sido desaprovechada.

Una óptima planificación deportiva pormenoriza al detalle las necesidades más perentorias del equipo en cuanto a las posiciones por cubrir. Lo lógico es pensar en dos porteros, ocho defensas entre centrales y laterales, cuatro mediocentros, dos defensivos y dos ofensivos, seis extremos y mediapuntas y por último dos o tres delanteros en función del sistema del entrenador. Sin embargo en este Elche C.F. y con la plantilla cerrada existe una evidente descompensación que esperemos no nos pase factura. Resulta difícil de entender que contemos hasta seis mediocentros para una posición en la que normalmente sólo juegan dos, mientras que en la punta de ataque sólo disponemos de un único “9”. Más inverosímil parece si nos fijamos en el eje de la zaga, con tres únicos defensas centrales específicos, al igual que la pasada temporada, aún a pesar de que las continuas lesiones de Verdés tuvieron al club en vilo a la búsqueda de un cuarto central que nunca llegó, y así nos fue en Soria. También en bandas aparentamos “cojera”. Fidel y Stevanovic como únicos extremos puros mutilan con creces nuestras posibilidades de buscar variantes por el carril. Sin embargo tenemos seis mediocentros seis, que obligará irremediablemente a que varios de ellos vean cada semana al equipo desde la grada cuando se podía haber aligerado esa posición reforzando alguna otra más necesitada.

Todas estas conclusiones nos llevan a confirmar que no ha habido una buena planificación sino todo lo contrario. Se ha avanzado en la más pura improvisación a la hora de confeccionar el equipo. Se ha fichado tarde, permitiendo que el equipo dispute las tres primeras jornadas de liga sin muchos de sus principales activos o muchos de ellos faltos de forma y acoplamiento, y en algunos casos también se ha fichado mal. ¿Para qué sirve la pretemporada si al inicio de liga algunos futbolistas acaban de llegar y otros tantos todavía ni han aparecido? Estas últimas semanas bien pudieran haber servido para poner la guinda al equipo con algún retoque de calidad, como hacen el resto de clubes, pero ya iniciada la competición hemos seguido fichando columna vertebral. Si hubiera habido un verdadero trabajo de planificación previo, al igual que si ese estudiante hubiera preparado bien su examen, no se habría tenido que recurrir a la improvisación, o cuando menos ésta hubiera sido mínima. Se han traído algunos buenos jugadores, sí. Ésta es nuestra plantilla y debemos ir con ella a muerte. Estamos convencidos de que nos van a dar muchas tardes de gloria e incluso tengo la firme convicción de que no vamos a pasar tantos apuros como algunos piensan. La labor del mister también influirá mucho en ello, así como los chavales de la cantera, sobradamente preparados para echar un cable. Pero eso no quita lo evidente. Que esta plantilla se ha improvisado de principio a fin y que los errores del pasado una vez más han vuelto a hacerse patentes. Hay calidad pero también descompensación, mucha descompensación y eso es fruto de un mal trabajo. Es consecuencia directa de una mala planificación que incluso raya la chapuza. Porque tal y como titulamos en esta columna, improvisar no es planificar. Ahora por desgracia ya no tiene remedio y al menos hasta el próximo enero habrá que tirar p’alante. Así que “alea jacta est”. La suerte está echada.

Chevalier


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Impecable.
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