El ilicitano errante (por Bicarbonato Sódico)

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Quirant
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El ilicitano errante (por Bicarbonato Sódico)

Mensaje por Quirant »

El ilicitano errante

Por Bicarbonato Sódico


El protagonista de esta historia es un joven natural de Elche llamado Germán en honor a Leguía, uno de los pilares del penúltimo ascenso del Elche CF a Primera. Sus padres son de aquí y se han empapado de ilicitanismo desde su primer día de vida gracias a generaciones pasadas. El padre gestionó durante años una pequeña fábrica de calzado que permitió a su familia vivir cómodamente durante años. La madre, ama de casa, colaboraba en casa con algo de faena de la fábrica y durante algunos años ayudó a la abuela de nuestro protagonista en la confección de palmas para nuestra Semana Santa. Así, podríamos decir esta familia ha sido una de las tantas que durante generaciones ha mantenido el espíritu de esta ciudad con trabajo y tradición.

La década de los ochenta fue una década complicada en lo futbolístico para la ciudad. Comenzó con el duro golpe del no ascenso frente al Cádiz, que se llevó por delante a muchos aficionados desencantados de una forma de hacer las cosas que poco tenía que ver con la de décadas atrás, donde en el club franjiverde imperaba cierta cordura que permitía grandes resultados deportivos y pocos apuros económicos. El duduso comportamiento de Campos o Capón no sólo impidió un ascenso, sino que aniquiló la ilusión de muchos ilicitanos. Después de aquello y coincidiendo con unos pocos meses de vida en Germán, el Elche regresó a Primera, pero fue flor de un día ya que al año se descendió. Tras varios años intentándolo, el Elche regresó a la categoría dorada del fútbol en 1988, cuando nuestro protagonista cumpliría los cuatro años. Pero el resultado fue peor que en la ocasión anterior. Se hizo un ridículo estrepitoso en esta categoría batiendo toda clase de récords negativos.

Por aquel entonces, Germán ya iba al Martínez Valero con su familia al completo y varios amigos de la misma. Todos seguían con intensidad al Elche CF, se desesperaban con sus miserias. Todos, menos Germán. Al pobre crío le tocó tragarse aquella paupérrima temporada y las dos siguientes, que dieron con los huesos del Elche en la 2ªB, categoría en la que nunca antes había militado. Germán pasó de ver al Barça o al Madrid para ir, por obligaciones familiares, a partidos frente al Manlleu o al Llíria de turno. El chaval estaba harto y tomó una decisión que le marcaría de por vida: desde aquel momento, el Elche CF ya no formaría parte de su vida.

Por aquel entonces el panorama futbolístico patrio estaba dominado por el FC Barcelona de Johan Cruyff. El famoso Dream Team enamoraba a propios y extraños, ganaba ligas de manera consecutiva, se proclamó campeón de Europa y en sus filas militaban auténticas figuras mundiales como Guardiola, Laudrup, Romario o Stoichkov. A Germán no le faltó tiempo para identificarse con ese equipo ganador, era lo que él quería y, además, era lo que hacían sus compañeros de clase. En los recreos del colegio se jugaba al fútbol y no se hablaba de otra cosa que del Barcelona o de su eterno rival, el Real Madrid. Había un par de chavales que daban la nota discordante, ya que no eran de ninguno de estos equipos, sino del también todopoderoso AC Milán de Arrigo Sacchi. Y no, no eran italianos.

Esta fue la tónica habitual de Germán durante años. Finalizando la década de los 90 y entrando en el nuevo milenio, su equipo favorito estaba de capa caída en favor de un Real Madrid que en un corto plazo de tiempo conquistó tres copas de Europa y dos Intercontinentales, primero con los Mijatovic, Seedorf, Raúl y un largo etcétera para posteriormente presenciar la llegada de los denominados galácticos. Fue una decisión difícil de tomar por parte del chico, que además ya estaba en el instituto y en donde las charlas futbolísticas se daban todos los días, pero finalmente consideró que ser del Real Madrid por aquel entonces era algo de lo que estar orgulloso, así que dio el paso y cambió de chaqueta, como vulgarmente se dice. No faltaron críticas hacia su actitud en su entorno de amistades, pero no fue el primer caso visto ni sería el último. Además fue una decisión fácil de asimilar después de todo, porque en su familia nadie era de ninguno de estos dos equipos, con lo que el sentimiento no venía arraigado de casa.

Sin embargo, al poco tiempo esto fue visto con normalidad y, de hecho, los raritos de su clase en términos futbolísticos eran tres chavales que simpatizaban con el Elche CF. Era habitual que Germán y sus amigos hicieran broma sobre esto, ironizando sobre el potencial de un equipo cuyo único objetivo era el de mantenerse en Segunda y con jugadores del montón, cuando no viejas glorias dispuestas a vaciar las arcas del club. Nada importaba que Germán fuera un chaquetero, los lunes el cachondeo era la estrepitosa derrota del Elche frente a algún colista de la categoría que cogía aire gracias al conjunto ilicitano.

Tiempo después, el protagonista de esta historia sufrió un duro golpe, que fue el fallecimiento de su abuelo. El abuelo de Germán vivió los años dorados del Elche CF, desde su primer ascenso o la final de Copa. Por desgracia la edad no perdona, y ya llevaba años sin poder ir al estadio. Germán sentía un gran aprecio por sus abuelos, ya que en aquellos años donde renegó del Elche solía pasar las tardes de fútbol en casa de estos, esperando que sus padres le recogieran. Por ello, independientemente de su nulo interés por el equipo de su ciudad, admiraba el entusiasmo con el que le contaban batallitas del equipo. Su abuelo le decía con frecuencia que los triunfos del Elche son los triunfos de un pueblo, de una forma de sentir, son el triunfo de nuestras raíces. Y frente a eso, cualquier liga ganada por los grandes de poco iba a ayudar a formentar el orgullo ilicitano, era algo demasiado fácil y habitual, una alegría superficial entre gente que no se identificaba entre sí más allá de eso.

Evidentemente y por desgracia, pese a la admiración de Germán hacia ese discurso, en cuanto regresaba a la rutina diaria todo aquello carecía de importancia. Tras la muerte del abuelo todo siguió más o menos igual, hasta que en 2010 y sin hacer demasiado ruido, aterrizaron una serie de jugadores que creyeron en sí mismos pese a las adversidades y, capitaneados por un entrenador alicantino de apellido Bordalás, pasearon con orgullo el escudo del conjunto ilicitano, plantándose contra todo pronóstico en un play-off de ascenso tras años y años de miserias y fracasos deportivos. Por una vez, la ilusión volvió a Elche, pero no es menos cierto que muchos de aquellos que compraban camisetas, presumían de ilicitanos y demás, no eran más que clones de Germán. Elche está llena de gente como él y sólo el valor de un puñado de futbolistas, luchando contra viento y marea, logró despertar algo así en personas como nuestro protagonista. El día del Granada fue una fiesta antes del partido. La gente respiraba ilusión y existía un ambiente realmente espectacular, del cual Germán, junto a algunos amigos, formaba parte.

Comenzó el partido y el Elche salió algo nervioso. Para colmo, pronto marcaron los rivales y se pusieron por delante en el marcador, dejándoles en bandeja el ascenso. Además se anuló un gol legal. Parecía que otro día del Cádiz acechaba sobre la partida de Atzavares. Finalmente no pudo ser, y la celebración granadina resultó ser un cóctel letal para centenares de personas, que no pudieron reprimir sus lágrimas.
Germán no ignoró esto, y pese a que sus amigos pasaron bastante del tema al no lograr la victoria, nuestro protagonista no pudo evitar sentir dentro de sí un enorme dolor. Las lágrimas de tanta gente, jóvenes y mayores, junto a las provocaciones de los rivales, le inundaron de rabia. De repente, le vino a la cabeza lo dicho años atrás por su abuelo. Despertó en Germán el orgullo ilicitano y rompió a llorar. Fue entonces cuando comprendió lo que hay detrás Elche CF: el sentimiento acumulado de diferentes generaciones de ilicitanos que año tras año inculcaban la pasión por su equipo a quienes les rodeaban.

Por ello y desde entonces, Germán lo tuvo claro. Su abuelo iba a estar orgulloso de un nieto que, ya veinteañero, le hablaría a sus descendientes de quienes dieron el todo por el todo a favor de un escudo y unos colores. Ya no importaban Cristiano Ronaldo o Messi. Ya no cometería el mismo error de antaño. Serían los Acciari, Xumetra, Mantecón, Palanca y otros tantos los que realmente, ganaran o perdieran, defenderían a capa y espada los intereses y el sentimiento de una ciudad entera.

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El capitán, el que más veces ha defendido la elástica franjiverde
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FISQUERO
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Re: El ilicitano errante (por Bicarbonato Sódico)

Mensaje por FISQUERO »

Precioso el consejo de los abuelos. Pues sí, el tiunfo del equipo es el triunfo de todo un pueblo.

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Re: El ilicitano errante (por Bicarbonato Sódico)

Mensaje por Punto Deportivo »

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