"Samuel es pura energía, transmite unas ganas tremendas, es un ejemplo para todos". Mandiá siente debilidad por él
LUCAS V. BELMAR "Samuel es pura energía, transmite unas ganas y una fuerza tremendas, es un ejemplo para todos". Juan Carlos Mandiá siente debilidad por el central alicantino que conoció en edad juvenil y no lo oculta. Le ha concedido los máximos galones en el eje de la defensa y es titular indiscutible en la zaga menos goleada de España, que sólo ha recibido cuatro dianas en once encuentros. "Estoy muy agradecido a Mandiá porque sé que confía mucho en mí. He jugado todo y ahora sólo quiero agradecérselo en el campo", señala el alicantino, quien ha disputado todos los minutos de los partidos en este inicio de temporada, tanto en Liga como en Copa.
El entrenador tiene una fe ciega en las condiciones de un futbolista criado en la cantera del Hércules que acabó recalando en el Elche para saborear las mieles de la profesionalidad. Sergio y Mandiá fueron a por él a tumba abierta el pasado verano y Samuel no lo dudó. No quiso esperar propuestas de Primera porque la idea de regresar al club de su ciudad le seducía demasiado, y más si el director deportivo era amigo suyo. Ahora cuenta los días que quedan para el Hércules-Elche del próximo 27 de noviembre (12.00 horas, Canal Plus). "La semana previa al clásico estaré más motivado de lo normal, pero aún tenemos tres partidos por delante (Girona, Murcia y Celta)", advierte.
Samuel no oculta su sorpresa por el inmejorable arranque liguero del conjunto blanquiazul, cimentado en nueve victorias de once partidos. "Sí que sorprenden estos datos porque ganar en Segunda cuesta un mundo y ya hemos logrado nueve triunfos", destaca el alicantino de 25 años, quien reparte el mérito en tareas defensivas. "Si hemos encajado sólo cuatro goles no es porque el portero o el lateral derecho hayan estado genial. El mérito es colectivo, estamos trabajando mucho entre semana y después se nota en los partidos", valora. Por último, Samuel califica al próximo rival, el Girona de Raúl Agné, como un "equipo que se juega la vida" debido a su mala clasificación.
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