
REFLEXIONES SOBRE LA CATASTROFE DE JAPÓN Y LA GESTIÓN DE RIESGOS
Artículo realizado por Jesús Ibáñez Arias, DIRECTOR DE SEGURIDAD, TIP nº 01170
El 11 de marzo de 2011, a las 14h 46m 23s hora local, se produjo en Japón un terremoto de magnitud 9’0 grados Mw, con epicentro en el mar, frente a la costa de Honshu, 130 km al este de Sendai, en la prefectura de Miyagi, creando un maremoto con una ola que según científicos de la Universidad de Tokio pudo alcanzar los 37’9 metros de altura, el cual ha ocasionado una de las mayores catástrofes de la historia del país, con un recuento provisional de 12.000 muertos y 15.000 desaparecidos, 163.000 evacuados, pérdidas evaluadas por el gobierno japonés en 218.000 millones de euros, y graves daños en una gran parte de sus instalaciones críticas y esenciales (transporte terrestre, aéreo y marítimo, vías de comunicación, agua potable, telecomunicaciones, abastecimiento y suministro de alimentos, servicios sanitarios, tejido productivo, etc) con especial incidencia en una de sus centrales nucleares (Fukushima Daiichi), lo que ha derivado en un incidente nuclear de gravedad 6 (sobre 7) que en estos momentos tiene en jaque no solo al país, sino a toda la comunidad internacional.
En relación a la denominación del evento, indicar que en inglés no existe una palabra específica para denominar al maremoto, por lo que los anglosajones adoptaron el vocablo japonés “Tsunami”, sobre todo a partir del año 2004, cuando sus medios de comunicación y corresponsales empezaron a utilizar masivamente el mismo en sus crónicas tras el maremoto que asolo Indonesia y Tailandia el 25 de diciembre de 2004. Por ello debemos señalar que la denominación correcta en español no es “Tsunami”, sino maremoto.
Igualmente indicar que el 90% de los maremotos son producidos por seísmos en la corteza submarina ocasionados por movimientos de las placas tectónicas, los cuales reciben el nombre más concreto y preciso de “maremotos tectónicos”.
El archipiélago japonés se encuentra ubicado en la zona de mayor actividad sísmica del planeta, producto de los frecuentes movimientos de la zona de subducción de las placas continentales del Pacífico y Euroasiática. Esta situación de peligro constante de un posible terremoto ha convertido a Japón en uno de los países más avanzados del mundo en materia de medidas de seguridad y protección ante seísmos, entre las que podemos señalar las medidas formativas e informativas (desde niños los japoneses son concienciados en el riesgo sísmico y aleccionados al respecto), las medidas organizativas (todos los ciudadanos, organismos e instituciones conocen que hacer en caso de seísmo, los planes de emergencia, el material que deben tener preparado, donde acudir o dirigirse, etc), las medidas constructivas (normativas con exigencias rigurosísimas en la construcción de edificios e instalaciones de manera que todas estén preparadas para resistir seísmos de gran magnitud), las medidas preventivas, las medidas de detección y alerta temprana (tanto de seísmos como de tsunamis producidos por maremotos), las medidas de comunicación y alerta (televisión, radio, megafonía, sms, etc), las medidas de intervención y evacuación, las medidas y planes de contingencia, etc.
La situación en estos momentos es muy preocupante, ya que a los daños personales y materiales anteriormente referidos, tenemos que añadir un grave problema de fuga de radioactividad al no poder ser controlado el proceso de fusión del núcleo de los reactores de la central con daños mas graves.
En todos los medios de comunicación estamos leyendo y oyendo hablar estos días de manera lamentablemente errónea de una equiparación de los términos “fusión nuclear” y “fusión del núcleo”, para referirse a lo que esta ocurriendo en las instalaciones dañadas, siendo ambos términos totalmente diferentes, ya que mientras la fusión nuclear es una tecnología para la producción de energía eléctrica que se encuentra en fase de estudio y experimentación (siendo la solución más viable la de las reacciones de fusión térmicas, también llamadas reacciones termonucleares), la fusión de núcleo es el término por el que se designa a un tipo de accidente grave en un reactor nuclear, en el que el combustible cambia de estado sólido a líquido por efecto del calentamiento del combustible, éste puede ser debido a un aumento de potencia o la imposibilidad de ser refrigerado (que es lo que está ocurriendo en Fukishima Daiichi), por lo que no debe confundirse con el término fusión nuclear, cuyo significado hace referencia a la unión de átomos.
Igualmente destacar a titulo informativo que tampoco tiene nada que ver la tecnología (todavía experimental, según hemos indicado) de fusión, con la tecnología de fisión, la cual es la que emplean los 436 reactores nucleares existentes en el mundo para la producción de energía eléctrica, por lo que el Director de Seguridad también debe ampliar sus conocimientos para filtrar y discriminar la información recibida de fuentes abiertas, como base para la creación de inteligencia útil para la organización.
Los daños que presenta la central nuclear de Fukushima Daiichi en sus reactores 1, 2 y 4 consisten en daños estructurales y funcionales que van del 30 al 70%, y en sus reactores 5 y 6 presenta daños leves en su sistema de refrigeración, pero el más preocupante es el reactor 3, ya que al contrario que los otros, cuyo combustible es uranio, este funciona con plutonio, mucho más peligroso y contaminante que el anterior, no pudiendo aún haberse evaluado los daños del mismo ante las altas tasas de radioactividad constatadas, aunque exteriormente se aprecian importantes daños.
La situación todavía no ha podido ser controlada y los equipos de emergencia nuclear continúan trabajando sin descanso para restaurar la electricidad que necesitan los sistemas de refrigeración, para reparar los daños estructurales, y para contener las fugas y vertidos radioactivos al medio ambiente.
En estos momentos los altos niveles de radioactividad detectados en alimentos cultivados (verduras, hortalizas, etc), en el pescado, y sobre todo en el agua potable (llegando hasta la capital, Tokio), hacen que la situación se agrave y complique progresivamente.
Los profesionales estamos asistiendo a la mayor pesadilla de un gerente de riesgos: una concatenación de eventos de riesgo materializados que generan una serie de desastres que interactúan y a su vez dan lugar a una catástrofe que de continuar puede derivar en una calamidad.
Para la utilización de esta terminología con propiedad por parte del Director de Seguridad, pese a existir muchas clasificaciones, definiciones y concreciones a nivel mundial, en nuestro país deberíamos ceñirnos a la taxonomía conceptual establecida por la Dirección General de Protección Civil, desde donde se distinguen los siguientes acontecimientos o eventos perturbadores:
Emergencia: situación que aparece cuando en la combinación de factores conocidos, surge un fenómeno o suceso que no se esperaba, eventual, inesperado y desagradable por causar o poder causar daños o alteraciones en las personas, los bienes, los servicios o el medio ante. La emergencia supone una ruptura de la normalidad de un sistema, pero no excede la capacidad de respuesta de la comunidad afectada.
Crisis como un estado delicado y conflictivo en el cual, por circunstancias de origen interno o externo, se rompe el equilibrio y la normalidad de un sistema y se favorece su desorganización.
Accidente cuando los individuos afectados por un siniestro, son un segmento de la población de fácil delimitación por una variable nominal: ocupantes de un automóvil, inquilinos de un edificio...En este tipo de situaciones la población queda fuera de los efectos del fenómeno o siniestro, la vida cotidiana de la colectividad no se ve alterada y los sistemas de respuesta y de ayuda a los afectados, quedan indemnes y pueden actuar.
Desastre cuando toda la población de forma indiscriminada, se ve afectada por los hechos infaustos, y la vida social cotidiana se ve alterada. En los desastres los sistemas de respuesta institucionales, públicos y privados, también pueden quedar indemnes y pueden ayudar a la colectividad afectada.
Catástrofe es aquella situación en que un fenómeno infausto e imprevisto afecta a una colectividad de forma global, incluidos sus sistemas de respuesta institucionales. En la catástrofe, los individuos afectados no podrán contar con ayuda institucional, al menos en los primeros momentos, y tendrá que hacer frente a las consecuencias del fenómeno con sus propias fuerzas.
Calamidad es aquella situación que se alarga en el tiempo, bien por reiteración o prolongación o por sus efectos derivados, como la sequía continuada, los efectos epidemiológicos de un virus residente.
Aparte de los numerosos daños y consecuencias derivadas de todo tipo para Japón, como efectos importantes en el resto del mundo podemos destacar entre otras la dispersión y difusión de radioactividad a otros países a través de la atmósfera y del agua, el daño e impacto económico para los inversores externos, y el daño de imagen a la seguridad de infraestructuras críticas como son las centrales nucleares.
El debate sobre la falta de seguridad de las centrales nucleares, por supuesto que también ha llegado a nuestro país, y en relación a la que más próxima tenemos a Valencia, la de Cofrentes, esta se ve agravada por la demostración de vulnerabilidad que hace poco realizo un grupo de activistas de una organización ecologista, los cuales superaron las medidas de seguridad existentes y pese a no acceder a zonas críticas, se descolgaron desde las torres de refrigeración y realizaron una pintada y la ocupación de las mismas durante varias horas, manifestando posteriormente que si en lugar de ser un grupo ecologista hubieran sido un grupo terrorista, las consecuencias hubiesen sido muy graves.
Como consecuencia de esta psicosis inducida, y siguiendo la estela de otros países europeos, desde el Gobierno se ha solicitado al Consejo de Seguridad Nuclear la realización de test de estrés en las centrales españolas, los cuales han sido determinados por la WENRA (Asociación de Autoridades Reguladoras de Seguridad Nuclear de Europa Occidental) en una reunión celebrada en Helsinki, siendo de aplicación voluntaria para todas las centrales nucleares europeas.
Concretamente, para llevar a cabo las pruebas de resistencia o estrés se han identificado una serie de sucesos iniciadores de un potencial accidente, así como situaciones que podrían ocurrir en el desarrollo de una emergencia más allá de las bases de diseño, con el fin de adoptar medidas para su prevención y para afrontar sus posibles consecuencias.
De este modo se ha precisado que de acuerdo a la información recibida hasta la fecha sobre el accidente nuclear de la central de Fukushima Daiichi, las pruebas deberán incluir, como mínimo, sucesos iniciadores como un terremoto superior al de base de diseño; inundaciones superiores a las de base de diseño; otras condiciones externas extremas, dependiendo de las características del emplazamiento que deriven en pérdida de las funciones de seguridad y/o pérdida total o prolongada del suministro eléctrico.
También se deberán incluir al menos exámenes en base a la pérdida prolongada del sumidero final de calor, problemas de gestión de accidentes con fusión de núcleo, incluyendo efectos tales como la acumulación de hidrógeno, y condiciones degradadas en el almacenamiento del combustible gastado, incluyendo efectos como la pérdida de blindaje contra la radiación.
Adicionalmente, se tendrá que tener en cuenta las acciones automáticas, las acciones específicas de los operadores descritas en los procedimientos operativos de emergencia, cualquier otra medida prevista de prevención, recuperación y mitigación de accidentes, así como la situación fuera de la planta, o la posibilidad de que varias unidades se vean afectadas al mismo tiempo.
Particularmente opino que a la hora de establecer las medidas de seguridad de todo tipo en una infraestructura crítica como puede ser una central nuclear, se parte de un planteamiento de base equivocado sujeto siempre a la dicotomía coste económico versus riesgo percibido (que no tiene porque coincidir con el riesgo existente), lo cual es una constante habitual en nuestro sector profesional.
La identificación, análisis y evaluación de riesgos es algo muy subjetivo y depende de factores y variables que muchas ocasiones no tienen una base científica, y la gestión que de los mismos se hace casi siempre se realiza con metodologías anticuadas y poco realistas, basadas más en consideraciones económicas que en la previsión de riesgos tanto posibles como excepcionales.
España cuenta con ocho centrales nucleares operativas, una en proceso de desmantelamiento (José Cabrera, más conocida como Zorita), un almacén de residuos radiactivos de baja y media actividad, El Cabril (Córdoba), y una fábrica de combustible nuclear en Juzgabo (Salamanca).
El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), asegura que las 11 instalaciones cumplen la normativa sísmica del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Dicha normativa establece que una instalación nuclear tiene que estar construida en base a dos criterios: "el terremoto base de diseño" y "el terremoto base de operación", según declaraciones de la Directora de Seguridad Nuclear de dicho consejo, Isabel Mellado.
El "terremoto base de diseño" quiere decir que la construcción de la instalación está preparada para afrontar el mayor terremoto que cabría esperar en esos terrenos, pararse si se produjera y que sus mecanismos sean capaces de evitar una fuga radiactiva. Esto supondría que cualquier otro temblor esperado sería, aparentemente, asumible.
El segundo criterio, el del terremoto base de operación, supone que la central está preparada para seguir generando energía eléctrica y refrigerándose, siempre que un terremoto en la zona no exceda el máximo que los científicos predicen para ese área.
Además todas las centrales nucleares españolas cuentan con un sistema de vigilancia sísmica que registra cualquier temblor del suelo e inicia una especie autoinspección cuando detecta alguna anomalía, y es capaz de ordenar una parada si fuera necesario.
El CSN revisa los sistemas de vigilancia sísmica de las instalaciones nucleares cada cuatro años, aunque hasta ahora ninguna ha tenido que parar debido a un terremoto, indican fuentes de este organismo.
La presidenta del Foro Nuclear, María Teresa Domínguez, añade como argumento para la tranquilidad que "ninguna de las instalaciones nucleares españolas están emplazadas en zonas problemáticas de actividad sísmica" de la península, como son Murcia, Andalucía Oriental y el Pirineo aragonés y catalán.
Sin embargo, el responsable de campañas nucleares de Greenpeace, Carlos Bravo, difiere completamente de esta afirmación y sostiene que la central nuclear de Cofrentes se encuentra situada sobre una falla y en la zona sísmica del levante español que va de Valencia a Tarragona.
Francisco Castejón, físico nuclear y portavoz de nucleares de Ecologistas en Acción, también agrega que los dos reactores nucleares de la central de Ascó, en Tarragona, están construidos sobre "terrenos muy inestables de arcillas expansivas".
Los dos portavoces ecologistas coinciden en que un terremoto de 8,8 en la escala de Richter, como el que ha sufrido Japón, donde este incidente ha provocado un accidente en la central nuclear de Fukushima, "sería muy improbable" en España, aunque no les cabe duda de que, de darse un sismo cercano a estas magnitudes, "las instalaciones quedarían en un estado catastrófico".
La propia directora de Seguridad del CSN reconoce que con "registros" como los que ha dejado el terremoto de Japón, la seguridad de las nucleares "se complica".
Sin duda estos intercambios de declaraciones de defensores y detractores de las centrales nucleares contribuyen únicamente a la confusión de la sociedad en general y de los ciudadanos en particular.
El Director de Seguridad, en el ejercicio de sus funciones no debe caer en el juego del debate y posicionamiento, sino en el de procurar una actitud objetiva para con la seguridad de las instalaciones objeto de su protección.
Pero es preciso reconocer y tener en cuenta los datos, los antecedentes, y las probabilidades, sin olvidar nunca que el término improbable no es sinónimo de imposible.
Para empezar, y según los mapas del Instituto Geográfico Nacional, buena parte de la Península Ibérica es zona de riesgo sísmico alto, de hecho es una de las zonas del mundo con actividad sísmica constante al ser el litoral sur y sureste zona de contacto entre las placas tectónicas Euroasiática y Africana.
El eje sísmico que recorre el tramo entre las Azores y Túnez constituye un peligro real para las regiones del sur y sureste de España, y según confirmación de la Red Sísmica Nacional, un terremoto de 8’9 grados en la escala de Richter con un desplazamiento vertical de placas frente al Cabo de San Vicente, causaría una catástrofe en el sur andaluz, debido a que a diferencia del Centro de Detección de Tsunamis del Pacífico, la Unión Europea no posee métodos de detección de llegada de olas gigantes procedentes del Atlántico ni del Mediterráneo.
Si bien la actividad sísmica suela ser de baja intensidad y rara vez se supera el grado 4 de Richter, no debemos olvidar que el 1 de noviembre de 1755 se produjo un terremoto submarino de magnitud 9 con epicentro en un punto del Océano Atlántico a menos de 300 km de Lisboa, que ocasiono un maremoto con olas de hasta 15 metros que destruyo totalmente la capital lusa, arrasaron su costa, y que también asoló las costas de Huelva y Cádiz, causando una cifra aproximada de 100.000 víctimas y daños graves que afectaron prácticamente a toda la zona oeste y sur de la península ibérica.
Ni que decir tiene que a mediados del siglo XVIII no se estilaba el turismo de mar y playa, habiendo en la costa, aparte de algunas ciudades portuarias, únicamente pequeñas poblaciones dedicadas a la pesca de bajura y con pocos habitantes, lo que ayudó a que la cifra de víctimas no fuera superior. Desde luego nada que ver con la actualidad, donde las costas del Algarve portugués, de Huelva, y de Cádiz se encuentran prácticamente urbanizadas en su totalidad y donde la población se concentra mayoritariamente en el litoral, al hallarse basado buena parte del tejido industrial y de servicios de dichas zonas en el sector turístico.
Las centrales en España se construyen de acuerdo a la sismicidad registrada en la zona de ubicación, en base a la suposición del terremoto máximo previsible. Teniendo en cuenta esta suposición, ninguna sobreviviría a un terremoto como el de Japón pues la sismicidad promedio nunca alcanza esa intensidad (9 grados) en la península, dándose sin embargo el hecho de que los terremotos son por naturaleza imprevisibles y que la catástrofe japonesa tiene un alto componente de excepcionalidad aún en un país acostumbrado a este tipo de eventos y sus consecuencias. Por esto es necesario decir bien claro que en caso de catástrofe excepcional en la península, estamos abocados a una catástrofe nuclear similar a la que está ocurriendo en Japón.
Actualmente todas las centrales nucleares de nuestro país están construidas para resistir un terremoto previsible, un evento de riesgo calculado, pero ninguna de ellas está preparada para resistir un terremoto excepcional, es decir, un evento excepcional, como el que destruyó Lisboa en 1755 o el que ha asolado Japón en 2011.
España ha sufrido 12 grandes terremotos a lo largo de su historia y, de ellos, cuatro han sido en el territorio de la Comunidad Valenciana.
Tavernes de la Valldigna, fue el epicentro del primer gran seísmo que sacudió la península en el año 1396, que alcanzó una intensidad de nueve. Su importancia fue el tal que el emblemático monasterio de esta zona quedó prácticamente destruido.
El segundo gran terremoto en la Comunitat fue en la localidad alicantina de Alcoy en 1645, que llegó a la misma potencia que el anterior.
Los dos últimos se produjeron en Montesa en el año 1748 y el más reciente el de Torrevieja de 1829. El primero de estos ya pudo ser medido en grados y superó la barrera de los seis (6,2) de la escala Richter. Este temblor se llevó por delante el castillo de la localidad, casas e iglesias y se dejó sentir en Enguera, Vallada, Canals, Sellent y otros muchos pueblos.
El cuarto de los grandes movimientos sísmicos que han sacudido la Comunitat, el de Torrevieja, marcó un antes y un después en la forma de construir. Desde los brutales desperfectos causados por el temblor del suelo en dicha localidad, se empezaron a construir los edificios más bajos para tratar de prevenir riesgos y se inició el uso de elementos más resistentes a estos seísmos.
Destacar que el 16 de septiembre del año 2003 se produjo un terremoto submarino de una intensidad de 4’2 grados Richter con epicentro a 34 km de la costa de Valencia, que fue percibido desde Castellón hasta Onteniente, el cual no provocó ningún movimiento anormal en la masa de agua marina que generara una ola destructiva, para lo cual sería necesario que dicho terremoto tuviera una intensidad de 8 o más grados Richter.
La Comunitat Valenciana es la tercera autonomía española con mayor índice de sismicidad. En los últimos ocho años se han registrado cerca de 500 terremotos, según los datos del Instituto Geográfico Nacional. Esta cifra solamente es superada por las áreas geográficas de Andalucía oriental y de Murcia.
Igualmente el Mar Mediterráneo es una importante zona de riesgo sísmico declarado por los expertos, debido a la actividad de las placas tectónicas ya indicada anteriormente, e incluso el año pasado se descubrieron nuevas fallas en su fondo con actividad sísmica, algunas de hasta 40 km de longitud, y que por tanto podrían provocar importantes terremotos en Turquía, Grecia, Italia, o incluso en el sur de España. Las zonas de mayor riesgo se sitúan en el Mar Tirreno y el Mar de Alborán.
Terremotos como los de Turquía en el año 1999, Argelia en el 2003, Italia en el 2009, etc, han causado miles de muertos y graves daños materiales y económicos a los países afectados, por lo que podemos decir que los seísmos no solamente son posibles en toda la zona mediterránea, sino probables.
Conforme a los mapas y atlas editados por el IGN (Instituto Geográfico Nacional), el ITGE (Instituto Tecnológico Geominero de España, y el CNIG (Centro Nacional de Información Geográfica), efectivamente la zona donde se encuentra ubicada la central nuclear de Cofrentes se situa sobre una falla tectónica inversa, muy próxima a varias fallas tectónicas discontinuas, y próxima a la gran falla tectónica normal que recorre gran parte del litoral valenciano desde la provincia de Valencia hasta la de Tarragona.
También es cierto que la actividad sísmica de la zona hasta el momento no recoge valores significativos que permitan prever un seísmo inminente en la zona, lo que por otra parte tampoco permite asegurar que no vaya a ocurrir, como hemos podido comprobar en los ejemplos anteriormente referidos.
Nuestro Planeta Tierra tiene aproximadamente 5.000 millones de años, y el Homo Sapiens Sapiens lleva sobre el mismo solamente 45.000 años. Pretender controlar y prever todo lo que ocurre a nuestro alrededor solo es posible (y únicamente en parte) con lo que hemos creado nosotros. Cualquier otro intento sobre lo generado por nuestro planeta (terremotos, mareas, huracanes, tormentas, sequias, inundaciones, etc) no es más que pura prepotencia propia de la raza humana.
Pero todavía quiero centrar la atención del Director de Seguridad en un detalle muy importante, básico quizás, de lo que estamos observando en el desarrollo de los acontecimientos tras la catástrofe de Japón: La actitud de los japoneses, la conducta de sus ciudadanos, de su gobierno, de sus instituciones, de sus medios de comunicación, y sobre todo de sus equipos de emergencia.
Las imágenes que estamos viendo estos días en los medios de comunicación, complementadas siempre con otras fuentes que permitan contrastar su veracidad y credibilidad, y con un conocimiento básico de la sociedad, cultura y tradición del pueblo japonés que nos permita comprender lo que vemos, nos muestran como la disciplina, la conciencia de grupo, el trabajo en equipo, los valores, la educación social y cívica, el respeto, la responsabilidad, la perfecta organización y estructura de los sistemas de emergencia, y la concienciación de la sociedad sobre los riesgos existentes y sus consecuencias, son la base de que el caos, el pillaje, el colapso, la violencia, y la anarquía generalizada no se hayan adueñado de las zonas afectadas, al contrario de lo ocurrido en otras catástrofes como vimos en el terremoto de Haití o en las inundaciones de Nueva Orleans.
Sin duda el avanzado nivel de desarrollo económico industrial, tecnológico, institucional y social de Japón, contribuyen en gran medida a que esto sea posible, pero sobre todo la educación de sus ciudadanos recibida desde la infancia, y su profunda cultura de la seguridad, son los catalizadores necesarios para que la catástrofe no se vea incrementada a causa de factores antisociales que inevitablemente dificultarían y agravarían la ya de por sí complicada situación actual.
CONCLUSIONES
La tarea fundamental de los organismos, gestores y responsables de seguridad en general, y de los Directores de Seguridad en particular, es la de concienciar y prevenir sobre los riesgos existentes, la de crear una cultura de la seguridad, y para ello se debe contar con el respaldo y apoyo del resto de actores implicados, incluida la sociedad civil y los medios de comunicación, y todo ello siempre desde la responsabilidad, la veracidad, la profesionalidad, y el sentido común.
Debemos evitar a toda costa la ignorancia y luchar contra todas aquellas actitudes contrarias a la información y concienciación como base de la organización de la seguridad.
Los responsables de seguridad estamos cansados de que desde las altas instancias se subestime a la sociedad o a los integrantes de una organización con argumentos proteccionistas inconsistentes, alegando que esa información de los riesgos existentes generaría alarma y que dicha sociedad u organización “no está madura” o “no está preparada” para ello.
La sociedad y las organizaciones de un país desarrollado no solo están preparadas para recibir y procesar esta información, sino que deben exigirla y exigir también las medidas preventivas oportunas para minimizar las consecuencias derivadas de la materialización de un evento de riesgo al que estén expuestas.
Para lo que desde luego no estamos preparados es para la ocultación de riesgos, para la negligencia en su gestión, y para las actitudes de “cuanto menos sepan, más tranquilos vivirán”, ya que el paternalismo equivoco de muchos gobiernos para con sus ciudadanos, desde luego que no es el camino, ya que no deben olvidar que nosotros los elegimos para que gobiernen el país y sus instituciones, no para que decidan por nosotros acerca de lo que debemos o no saber, y menos en temas relativos a nuestra seguridad común.
La mayoría de las veces esta actitud no esconce más que simples y llanos motivos económicos, ya que las medidas informativas, formativas, organizativas, preventivas, de gestión de riesgos, y de asignación de recursos humanos y materiales, cuestan dinero, y si ese gasto se puede evitar escondiendo el riesgo a la sociedad en base a que el mismo presenta un nivel bajo o medio de probabilidad de manifestación, pues mejor, ya que su trasferencia parcial a compañías aseguradoras suele costar bastante menos, olvidando que lo que siempre debe primar es la vida humana, y que su pérdida no puede ser compensada con dinero.
Para situarnos, el coste de una instalación nuclear por supuesto que depende de múltiples variables y factores, pero si nos ceñimos únicamente al aspecto del diseño de construcción inicial, sin contabilizar su combustible, puesta en funcionamiento, mantenimiento, equipos, amortización, infraestructura, equipamiento, personal, etc, podemos indicar que una central como la de Cofrentes, con un único reactor y combustible de Uranio 235, construida atendiendo a criterios de sismoresistencia basados en un terremoto base de diseño de 0’28 g, el equivalente aproximado a una magnitud 6 MW (escala de magnitud de momento), y un terremoto base de operación de 0’085 g, puede costar aproximadamente en la actualidad entre 3.500 y 4.000 millones de euros. Insistimos en que estos costes son aproximados y estimativos, sin comprender los muchos otros gastos inherentes al funcionamiento y producción de una central de este tipo, así como a su mantenimiento y seguridad.
Construir una central del mismo tipo pero incrementando la resistencia de sus terremotos base hasta hacerlos resistentes a un terremoto de magnitud 8 el de diseño, y 4 el de operación conforme a la Escala de Momento (MW) costaría aproximadamente el doble, es decir entre 7.000 y 8.000 millones de euros, pero teniendo en cuenta los costes humanos, medioambientales y económicos que supondría para nuestro país que un seísmo excepcional de una magnitud superior a los 6’6 MW, como el que destruyó completamente Torrevieja el 21 de marzo de 1829, provocara un accidente nuclear de nivel 5 (como está clasificado ahora mismo el de Fukushima), o incluso 6 (Chernobyl fue clasificado como de nivel 7, el máximo) según escala INES, los cuales serían prácticamente incalculables en el aspecto humano y medioambiental, y que económicamente podrían suponer entre un 6 y un 8% de nuestro PIB, no es tolerable ni asumible que por motivos puramente económicos se ponga en juego la seguridad y la vida de millones de personas, y todo ello en base a la premisa de que si los históricos sísmicos de un lugar no han marcado nunca niveles superiores a X, en el tiempo de vida de la central nuclear tampoco se prevé que se vayan a producir, y por eso con construir la misma en base a un terremoto de diseño X, ya está la seguridad garantizada (¿?).
Como base para la reflexión indicar que la central japonesa de Fukushima Daiichi estaba construida para resistir un terremoto de magnitud 7 y un maremoto o tsunami con olas de hasta 5’7 metros, y todo ello en base a los famosos “históricos de eventos”, cuyos resultados indicaban que no había previsión de terremotos y tsunamis con valores superiores en el tiempo de vida útil de dicha central, por lo que su diseño y construcción se realizó en base a estos datos, con lo que se demuestra que los datos estadísticos obtenidos de dichos estudios, no debe ser tomada más que como una variable más en la compleja ecuación de la determinación del riesgo, no como una base de trabajo.
La validez de estos datos queda expuesta cuando el 11 de marzo de 2011 se produce un terremoto de 8’9 MW, el cual genera un tsunami con una altura en la zona de Fukushima de 14 metros, lo cual produce daños importantes que causan un accidente nuclear de nivel 5 y con posibilidades de elevación en su clasificación, ya que la situación en el momento de escribir este informe es crítica y muy inestable.
Igualmente podemos hacernos la misma reflexión respecto al riesgo de maremoto en las costas españolas en general y en las del litoral valenciano en particular.
Anteriormente hemos visto los antecedentes históricos existentes y la probabilidad real, remota o no, de que pueda ocurrir un hecho similar al de Japón, aunque no sea con varias olas de 14 metros como ocurrió allí, ya que aquí con una sola ola de 6 o 7 metros bastaría para causar una catástrofe inimaginable aunque sí previsible.
Por poner un ejemplo gráfico, en Japón el agua del “tsunami” se adentro hasta 40 km tierra adentro a través de los cauces de los ríos, inundando multitud de poblaciones y zonas a causa del desbordamiento inverso de sus cauces por el agua de mar fluyendo a través de ellos en sentido contrario.
Esto me hace pensar, y por poner el ejemplo de la ciudad en la que vivo, Valencia, una de las más expuestas por sus antecedentes históricos, que en octubre de este año se cumplen 54 años de la gran riada que asoló la capital de la Comunidad Valenciana y que provoco una de las mayores catástrofes de su historia, junto con la de la rotura de la presa de Tous, y que curioso, ambas relacionadas con el agua y su caudal.
Pues bien, si hacemos un poco de memoria, a causa de las lluvias recogidas en esos días a lo largo del cauce del rio Turia, el día 14 de octubre de 1957 se originaron dos ondas de crecida sobre Valencia, la primera de 2.700 m³/s y una velocidad media de 3,25 m/s; y la segunda, más violenta, de 3.700 m³/s y 4,16 m/s, inundando la mayor parte de la capital valenciana.
Con las razonables diferencias relativas a masa de agua, origen del fenómeno, sentido de la corriente, y otras variables propias de eventos distintos pero con un elemento común, que es el agua, si tomamos en cuenta que el “tsunami” que llegó a las costas de Honshu, en la prefectura de Miyagi, estaba formado por olas de unos 14 metros de altura y una velocidad estimada de unos 200 m/s, aunque redujéramos estas cifras a la mitad, estaríamos hablando de olas de 7 metros de altura y velocidades de 100 m/s, es decir, más de 21 veces la velocidad del Turia el día 14 de octubre de 1957 a su paso por Valencia.
La experiencia a lo largo de los siglos nos demuestra que el agua tiende a seguir sus cauces de movimiento naturales, pese a los impedimentos que le ponga el hombre. En el momento que estos impedimentos no sean suficientes, volverá a seguir su curso, bien sea en un sentido o en otro, así que los efectos que ocasionaría una ola de estas características en la zona costera de Valencia en general y en la misma capital en particular, creo que son bien previsibles, y los dos cauces que ahora mismo rodean nuestra ciudad, tanto el nuevo como el viejo cauce del Turia, en esos momentos conformarían una pinza catastrófica para la misma, ya que se vería afectada por el impacto directo desde el oeste, y por las consecuencias del desbordamiento de ambos cauces en todo su trazado urbano.
No es mi intención ser catastrofista y generar alarma, sino concienciar de que escenarios catastróficos deben ser planteados, generados y tenidos en cuenta a la hora de establecer gestiones de riesgos eficaces, ya que hechos como el de Japón son un aviso para todos.
Francia tiene previsto abrir a mediados del año 2012 el denominado CENALT (siglas en francés del Centro de Alerta de Tsunami para el Atlántico Noroeste y el Mediterráneo Occidental), tras seis meses de pruebas, para lo cual ha invertido inicialmente 14 millones de euros en la creación de este organismo cuya función principal será el establecimiento de una red de vigilancia y de análisis de datos relativos a posibles tsunamis que puedan afectar a sus costas.
En las pruebas y simulaciones realizadas, sus tiempos de detección y confirmación de tsunamis que puedan afectar el litoral galo se aproxima a los 30 minutos, y su objetivo prioritario es conseguir la reducción de ese tiempo a un máximo de 15 minutos, a fin de que los protocolos de actuación ante este riesgo puedan ser iniciados con la rapidez suficiente por parte de los organismos responsables del estado francés.
En Japón, y debido a su gran especialización, riesgo existente, medios técnicos y recursos asignados, sus sistemas son capaces de confirmar un tsunami en un plazo de 3 minutos desde que el seísmo o causa del mismo se produzca.
En España no hay nada concreto creado todavía, todo se encuentra “en estudio” o en “fase de desarrollo” (ver bibliografía referenciada al final) y a pesar de los avisos de expertos de algunas universidades españolas, de algunos técnicos del Instituto Geográfico Nacional, de la Red Sísmica Nacional, o de la Dirección General de Protección Civil, nuestros políticos no tienen en cuenta este asunto como útil para sus estrategias y no está en sus planes la inversión en la mitigación y gestión de riesgos, salvo que ocurra una desgracia como la de Japón que les obligue a ello.
Lo que si hay creado desde el año 2003 es uno de los múltiples “grupos de expertos” o “comités de sabios” que tenemos en nuestro país, denominado “Grupo Nacional de Tsunamis”, que desde su constitución estudia la viabilidad de un sistema de alerta de tsunamis para el litoral español, pero todo lo que reconocen tener en estos 8 años a día de hoy es una propuesta en fase de borrador para presentar al Gobierno en los próximos meses, lo cual es a todas luces inaceptable e inasumible.
Indudablemente desde el Gobierno y los Ministerios competentes en Madrid no se debe tener mucho temor de los estragos causados por un posible tsunami o maremoto, pero desde los Gobiernos Autonómicos de la Comunidad Valenciana, de Cataluña, de Murcia, de Andalucía, de Galicia, de Asturias, de Cantabria, y del País Vasco, si que se debería tener en cuenta este riesgo y actuar en consecuencia exigiendo las medidas oportunas y las inversiones necesarias al Gobierno Central.
También a nivel internacional se creó por la UNESCO el denominado Grupo Intergubernamental de Coordinación para la Alerta Temprana contra los Tsunamis y Atenuación de sus Efectos en el Atlántico Nororiental, el Mediterráneo y mares adyacentes (ICG / NEAMTWS), el cual se formó en respuesta al trágico tsunami el 26 de diciembre de 2004, en la que más de 250.000 personas perdieron la vida alrededor de la región del Océano Índico. La Comisión Oceanográfica Intergubernamental de la UNESCO (IOC-UNESCO) recibió un mandato de la comunidad internacional para coordinar el establecimiento del Sistema durante el curso de varias reuniones internacionales y regionales, incluida la Conferencia Mundial sobre la Reducción de Desastres (Kobe, Japón, 18 - 22 enero de 2005), y la Reunión Ministerial de Phuket sobre cooperación regional sobre la pronta disposiciones de alerta contra los tsunamis (Tailandia, Phuket, 28 y 29 de enero de 2005). La Asamblea de la COI, en su tercer período de veinte (21-30 de junio de 2005), estableció formalmente el ICG / NEAMTWS a través de la Resolución IOC-XXIII-14 .
Las directrices para las actividades NEAMTWS se recogen en el Plan de Implementación NEAMTWS, cuyo texto en inglés se incluye en la bibliografía referenciada, con el enlace para su descarga. Dicho plan data de octubre de 2009, y aquí prácticamente es desconocido por todos, así que de su implementación ni hablamos.
Ante esta falta de actuaciones concretas y materiales, iniciativas como la de Francia ponen de manifiesto que aun participando y perteneciendo a organismos internacionales de coordinación y cooperación, debe primar la responsabilidad y cada país debe depender de sí mismo a la hora de gestionar sus riesgos, y en este caso concreto España debe implementar los medios humanos, técnicos, materiales y organizativos necesarios para gestionar el riesgo de tsunami o maremoto en las costas del litoral español, ya que no podemos olvidar nunca que el 10’3% del PIB lo aporta el sector turístico, el cual se haya concentrado casi mayoritariamente en dicho litoral.
Muchos leerán este artículo con escepticismo, y las mentalidades político/económicas dirán que una inversión cuantiosa requiere de una justificación sostenible, pero si para ellos la vida humana no es una justificación suficientemente sostenible, entonces nada lo es, a excepción, claro, de aquellas que sirvan a intereses políticos espacio-temporales concretos, como pueden ser promesas en épocas de campaña electoral, como las que se avecinan en nuestro país en los próximos meses, tanto locales, como autonómicas y nacionales.
Habrá que leer detenidamente los programas de los partidos políticos en todo lo relativo a seguridad, protección civil y emergencias, con la prevención de que pocas veces se cumplen.
Ante esto me viene a la cabeza las palabras de Roland Courteau, un senador francés que ya en 2008 presentó un informe parlamentario sobre el riesgo de tsunamis en las costas francesas, el cual decía: "Me han planteado varias veces que el riesgo (de tsunami) es tan reducido, que quizá no vale la pena invertir en los sistemas de alerta", y yo siempre he respondido lo mismo "Entonces yo sabré quién es responsable, en caso de que ocurra una catástrofe, y toda Francia lo conocerá también".
Nosotros también sabemos quienes son los responsables, y entonces, llegado el momento que nadie desea de que ocurriera una catástrofe, todos los españoles lo deberán saber.
Para finalizar solamente unas reflexiones, las cuales han sido el motivo de la elaboración de este artículo que espero sirva para concienciar y producir el interés de los lectores hacia la investigación de la existencia real de estos riesgos en nuestro país:
- Mientras la seguridad y la gestión de riesgos siga siendo vista como un gasto en lugar de cómo una inversión (para las empresas), o una necesidad y obligación (para los países), seguirán perdiéndose vidas y produciéndose daños que podrían haber sido evitados o minimizados.
- Mientras los criterios económicos prevalezcan sobre la protección de la vida humana y la minimización del riesgo, la sociedad española estará a merced de cualquier evento catastrófico que pueda suceder, bien sea de origen antrópico, natural, o combinado.
- Mientras los políticos y dirigentes no confíen en la capacidad y madurez de la sociedad española, que a la postre son los que les votan, en el tema de la existencia y gestión de riesgos se nos seguirá ocultando la información necesaria para nuestra libre elección o incluso supervivencia.
- Mientras la sociedad no esté suficientemente concienciada, informada, y formada sobre los riesgos existentes y las medidas adoptadas por los organismos competentes para su minimización, y las medidas de actuación y colaboración que los ciudadanos tienen en caso de la materialización del evento de riesgo, la sociedad no estará preparada para enfrentarlo con garantías de éxito.
El Director de Seguridad tiene en la actualidad una amplia diversidad de sectores económicos de actividad donde ejercer sus funciones, y más teniendo en cuenta que en la próxima Ley de Protección de Infraestructuras Criticas que está a punto de aprobarse y publicarse, se recoge al mismo como obligatorio en todas aquellas instalaciones que figuren en el catalogo nacional de IC, no debiendo escatimar capacidades, formación, medios ni estrategias a la hora de concienciar a los responsables del objeto de su protección sobre los riesgos existentes y las medidas adecuadas para su minimización, por lo que su actitud no debe ser ni pesimista ni cómplice de los planteamientos retrógrados e inmovilistas, teniendo la obligación de investigar, innovar, promover y aplicar nuevas metodologías de identificación y gestión de riesgos, ya que debemos tener siempre presentes y hacer nuestras las palabras del filósofo griego Heráclito de Éfeso:
“Hay que esperar lo inesperado, porque si no esperamos lo inesperado, no lo encontramos. Y eso pasa entre nosotros, que a veces pactamos con la mediocridad o pensamos que las cosas no pueden cambiar, porque eso parece totalmente inesperado. Pues eso es lo que hay que esperar: lo inesperado.”
Valencia, 3 de abril de 2011
BIBLIOGRAFÍA, DOCUMENTACIÓN VIRTUAL y REFERENCIAS WEB
- SISMICIDAD DEL MEDITERRANEO OCCIDENTAL. Ponencia de Julio Mezcua Rodriguez. XXVII Semana de Estudios del Mar. ASESMAR (Asociación de Estudios del Mar) 2009. (http://www.asesmar.org/conferencias/doc ... Itulo9.pdf" onclick="window.open(this.href);return false;)
- Software libre SELENA (SEismic Loss EstimatioN using a logic tree Approach) desarrollado por NORSAR (Noruega) y la Universidad de Alicante (España) para el cálculo del riesgo sísmico en zonas urbanas utilizando el método del espectro de capacidad. Puede descargarse de forma gratuita de la siguiente página web: http://selena.sourceforge.net" onclick="window.open(this.href);return false;
- Proyecto RINAMED (Riesgos Naturales del Mediterráneo Occidental)
http://www.rinamed.net/docs/result/Modu ... ellano.pdf" onclick="window.open(this.href);return false;
- Planes de Emergencia en la Comunidad Valenciana
http://www.gov.gva.es/lrportal/web/orgc ... emergencia" onclick="window.open(this.href);return false;
- Noticias en prensa sobre la aprobación del Plan Especial frente al Riesgo Sísmico en la Comunitat Valenciana. 15/12/2010
http://www.elperiodic.com/noticias/9961 ... nitat.html" onclick="window.open(this.href);return false;
http://www.levante-emv.com/comunitat-va ... 66112.html" onclick="window.open(this.href);return false;
http://www.20minutos.es/noticia/624296/0/" onclick="window.open(this.href);return false;
http://www.diarioinformacion.com/vega-b ... 08197.html" onclick="window.open(this.href);return false;
http://www.noticias.com/nuevo-plan-espe ... dad.855484" onclick="window.open(this.href);return false;
- Decreto 243/93, de 7 de diciembre de 1993, del Gobierno Valenciano, por el que se aprueba el Plan Territorial de Emergencia de la Comunidad Valenciana.
- “La gestión de los riesgos naturales en el ámbito de la protección civil”. Ismael Vallejo y Juan Mariano Camarillo. Universidad de Sevilla. Boletín de la A.G.E. nº 30, año 2000, pag. 51 a 68.
- “Gestión del Riesgo en Cataluña”. Xavier Goula, Unidad de Sismología del Intituto Cartográfico de Cataluña http://www.igc.cat/web/files/2001_goula_gestio.pdf" onclick="window.open(this.href);return false;
- Resolución de 17 de septiembre de 2004, de la Subsecretaría del Ministerio del Interior, por la que se ordena la publicación del Acuerdo del Consejo de Ministros, de 16 de julio de 2004, por el que se modifica la Directriz básica de planificación de protección civil ante el riesgo sísmico, aprobada por el Acuerdo del Consejo de Ministros, de 7 de abril de 1995.
- Riesgo sísmico en la Comunidad Valenciana
http://www.112cv.com/ilive/srv.Informac ... sgoSismico" onclick="window.open(this.href);return false;
http://panorama-actual.es/noticias/un/e ... 15249.html" onclick="window.open(this.href);return false;
http://eltiempo.lasprovincias.es/medio- ... o-sismico/" onclick="window.open(this.href);return false;
- Peligrosidad sísmica en la Comunidad Autónoma Valenciana
http://desastres.usac.edu.gt/documentos ... tenido.pdf" onclick="window.open(this.href);return false;
- Noticia AFP sobre creación en Francia del Centro de Alerta de Tsunami para el Atlántico noreste y el Mediterráneo occidental (CENALT)
http://noticias.terra.com.ar/francia-ab ... 0RCRD.html" onclick="window.open(this.href);return false;
- Interesante artículo sobre el Grupo Nacional de Tsunamis en el diario LA RAZÓN
http://www.paginanoticias.es/noticias/C ... gantes.htm" onclick="window.open(this.href);return false;
- Plan de Implementación del IOC-NEAMTWS
http://www.ioc-tsunami.org/images/stori ... anv3_4.pdf" onclick="window.open(this.href);return false;
- Ponencia sobre el IOC-NEAMTWS
http://62.97.86.245/dgpce-opencms/openc ... s/p07a.pdf" onclick="window.open(this.href);return false;
- Noticias sobre el Terremoto y Tsunami de Japón
http://es.noticias.yahoo.com/especiales/terremoto.html" onclick="window.open(this.href);return false;
http://www.elmundo.es/especiales/2011/terremoto-japon/" onclick="window.open(this.href);return false;
- “GESTION PRIVADA DE LA SEGURIDAD”. Jesús Ibáñez Arias. Módulo II del Curso Superior de Directores de Seguridad. Universitat de Valencia. 2011.
P.D Al estar en una falla tecnonica inversa y esta zona es ALTAMENTE sismica si lo sumamos a que es una central vieja aumenta el factor de riesgo de fuga radioactiva.


















