Lean y disfruten, me tomé la molestia de pasarlo del periodico al word y todo.
no se esfuercen en negarlo, ya que muchos personajes "populares" se han quitado la piel de corderito como he puesto en este post http://img469.imageshack.us/my.php?imag ... lasoy5.jpg![]()
Con mucha frecuencia, el poder político o el económico, incluso ambos a un tiempo, unan sus esfuerzos para convencer a los ciudadanos de que sus intereses más íntimos están incondicionalmente ligados a los suyos y que son, en realidad, los de todos. Para ello, ponen en marchan una sofisticada maquinaria de persuasión que va desde el discurso falaz, donde se muestran argumentos sencillos de entender aunque erróneos y de difícil constatación, pasando por un manoseo descarado de nuestra fibra sensible y más vulnerable.
Envuelto en una nube tan densa de mentiras y sesudas campañas de imagen, no resulta fácil vislumbrar el bosque de los verdaderos intereses ocultos que encierran esas campañas. Así, la gente de la calle terminamos identificando nuestro verdadero interés con el suyo, aceptando que el único orden posible es el que ellos establecen y al que nosotros sólo nos queda someternos.
El ejemplo más palpable de este tipo de embaucamiento social al que podemos asistir desde hace ya demasiado tiempo la Vega Baja se encuentra en el por todos conocido trasvase de ebro. Y es que la defensa de ese trasvase encierra unas de las mayores y más sangrantes mentiras a las que los ciudadanos de esta comarca hemos sido expuestos desde hace décadas; mentiras sostenidas desde un sector de la política local y autonómica que tenemos.
Probablemente la falsedad más mezquina sea la que utiliza como cobayas a los agricultores tradicionales: sin duda, el colectivo más vulnerable por ser el menos informado. Según el derogado Plan Hidrológico
Nacional y el Libro Blanco del Agua, editados por los antiguos ministerios del gobierno anterior, en los puntos de toma de agua del Ebro, situados en el tramo final, cerca de la desembocadura, los niveles de salinidad del agua, a consecuencia de la propia intrusión de agua marina y de los aportes procedentes de los lixiviados de los abonos y fitosanitarios, hubieran hecho imprescindible, (ironías a parte) la desalinización de buena parte de los caudales trasvasados. Esto habría incrementado el precio del agua ya de por sí desorbitado. Para las mismas fuentes oficiales, el metro cúbico de agua trasvasada puesto en la Vega Baja costaría en torno a los 0,92 euros, lo que supone triplicar el precio de agua que consume la agricultura tradicional. Si estimamos un precio de hora de agua medio actual entre los 30 y 40 euros, con el agua trasvasada del Ebro, pasaría a costar en torno a 100 euros. En esta situación, ¿qué agricultor tradicional podría consumir los costes de riego de sus hortalizas o cítricos?, ¿a cómo debería entonces haber vendido sus productos, muchos de los cuales terminan cada año en el suelo precisamente por falta de precio? ¿Cómo explicar que se les suba a autobuses repletos de bocadillos para que, a voz en grito de <<Agua para Todos>>, correteen por España reivindicando un agua que no es para ellos? . ¿Quién y por qué se les miente de una forma tan desalmada y perversa? ¿Quién?, está claro; veamos ahora el por qué.
En realidad, existen grandes intereses económicos para traer el agua del Ebro; sin embargo éstos no están en la agricultura tradicional, incapaz de consumir los costes de transporte y procesado que tendrían esos caudales. Son las grandes urbanizaciones destinadas al turismo residencial, las únicas capaces de asumir el coste de esta agua y sus campos de golf asociados. También los nuevos empresarios agrícolas, muchos de ellos con capitales procedentes del negocio inmobiliario, han sido capaces de transformar los cultivos de secano, incluso los pies de monte, en grandes fincas de nuevos regadíos, muchos de ellos ilegales. Estos consumidores no tienen ningún problema para pagar al precio que sea el riego de sus jardines, el agua de sus piscinas o la que sale por sus grifos. Vayamos pues a la clave que descifre este misterioso interés: la especulación urbanístican de unos pocos empresarios en íntima convivencia con el poder políticoes el único colectivo que saca verdadera tajada de este trasvase. Y para asegurarse un colchón social importante todavía aunque tradicionalmente desprotegido y mal informado, para que lleve a cabo el trabajo sucio del pataleo por un agua que nunca habría sido para ellos, acude a los agricultores. Este argumento se hace todavía más evidente cuando se comprueba, según las mismas fuentes de información oficial, que entre el 60% y el 70% de la hipotética agua trasvasada habría sido destinada al consumo de boca (agua potable). ¿Para quién?, con toda seguridad para el abastecimiento de las nuevas y prolíferas macrourbanizaciones que crecen por doquier. Pero resulta que en las provincias de la costa mediterránea viven ya 14 millones de personas (en su mayoría concentrados en la zona litoral) a los que se suman varios millones de plazas turísticas ocupadas en verano. Y que los aproximadamente 400 hm3 que el trasvase estima dedicar a abastecimiento urbano habrían supuesto 7 millones más de personas. Además, dado que el agua del trasvase se ubiera distribuido preferentemente a lo largo de la costa, esta nueva población habría colapsado definitivamente nuestra superpoblada costa, con el consiguiente deterioro de las condicones de habitabilidad.
Evidentemente, estas cosas no se dicen en los mítines ni en las entrevistas ni en los artículos de prensa. Como tampoco se hace público el otro interés que despiertan en los urbanizadores el colectivo de agricultores tradicionales, o mejor sus tierras que, asfixiados por una agricultura insostenible terminan vendiendo, en muchos casos, a precio de saldo para que aquellos continúen con su especulación: dos pájaros muertos de un mismo tiro.
Pero aún hay más: sostener, como se ha hecho hasta la saciedad, que tirar agua al mar es un despilfarro y que los costes ambientales del trasvase son asumidos son dos mentiras insostenibles. Respecto a la primera, mantener que los ríos deben desembocar en el mar o, lo que es lo mismo, que tienen que llevar el agua hasta su desembocadura es una máxima, no ecologista, sino ecológica para cualquier sistema fluvial que pretendamos mantener de manera sostenible. Desecar ríos en su tramo final supondría una catástrofe de consecuencias no sólo ecológicas y paisajísticas sino también económicas incalculables. Una medida así haría, por ejemplo, que se desecaran los acuíferos alimentados por los ríos, la desaparición de todas las especies ligadas al río y a los bosques de ribera, el aumento de riesgos de inundaciones catastróficas, dado que la vegetación de ribera funciona como colchón ante las avenidas; la disminución de los caladeros de ciertas especies piscícolas, cuyas zonas de desove y poblaciones de alevines se encuentran ligadas a los estuarios y desembocaduras (anchoas, sardinas, mejillones, langostinos, etc,) lo que implicaría una disminución de capturas de la flota pesquera. Modificaría la dinámica litoral: los aportes de sedimentos de los ríos son repartidos por las corrientes de deriva hasta formar las playas. Si no hay aporte de sedimentos no hay playa, con las costosas inversiones económicas que tiene su regeneración artificial y mantenimiento, que desgraciadamente ya conocemos. Y todo esto sin contar el coste económico derivado de la pérdida de calidad residencial y turística que esto supondría.
De haberse llevado a cabo el trasvase del Ebro habríamos asistido a la construcción de grandes canalizaciones, que durante cientos de kilómetros habrían dividido el territorio, jalonándolo de enormes taludes y produciendo un terrible efecto barrera, no solo entre las poblaciones silvestres de animales y plantas, sino entre nuestras poblaciones. La mezcla de agua trasvasada de una cuenca a otra hubiera supuesto el paso de fauna de la cuenca donante a la receptora, lo que habría implicado nefastas consecuencias para la biodiversidad de ambas cuencas. El Delta del Ebro, la zona húmeda más importante de España después de Doñana, habría experimentado un fuerte incremento de salinidad, aumentando la cuña salina agua arriba. La regulación de las aguas que producirían los embalses de cabecera del Pirineo y muchos otros a lo largo de la cuenca, habrían reducido los niveles de oxígeno de las aguas en su tramo final, aumentando en consecuencia su eutrofización y su contaminación por bacterias anaeróbicas. Los cultivos de arroz y los humedales podrían haber desaparecido. El trasvase del ebro proyectaba construir 110 presas y embalses nuevos, 70 de los cuales resultaban inviables según la Directiva Europea de Hábitats. En realidad el impacto medioambiental de esta obra da para mucho más, pero no creo que sea necesario.
Vayamos ahora a la otra gran mentira, ésta por omisión. Nadie nos ha dicho, aunque sepamos, que el efecto combinado de mayor temperatura menos precipitación, que comenzamos a padecer debido al cambio climático, traerá consigo notables reducciones en los recursos hídricos medios anuales en todas las cuencas peninsulares, especialmente en las del sur y levante.
Los teóricos excedentes de la cuenca del Ebro desaparecerán en las próximas décadas de seguir así, todo lo cual, haría inviable el trasvase intercuencas a medio plazo. Pero la expectativa de nuevos caudales habría disparado la demanda de agua para regadíos en las cuencas del Júcar, Segura y Sur, tal como ocurrió en la década de los ochenta, bajo la expectativa del trasvase del Tajo, en la que, paradójicamente, las nuevas aguas trasvasadas no cubrieron nunca las expectativas, pasando así, tras los nuevos aportes, una situación de déficit mayor. Con este horizonte climático y este precedente especulativo, no es posible asegurar el abastecimiento mantenido según el trasvase. Y en tales circunstancias, ¿cómo se explica el recalcitrante interés que muestran en los nuevos trasvases nuestros dirigentes políticos y ciertos sectores económicos?. Otra vez habría que buscar la respuesta en una política de interés propio y beneficio personal rápido y fácil, que deja a un lado el interés de todos, pese a que se lo oigamos decir a boca llena. Una política trasvasista en el Levante no es una política de futuro porque nos hipoteca y lo hace depender de un recurso foráneo sin ninguna garantía de estabilidad a medio plazo. Ésta es la gran mentira por omisión.
Pero si hay una mentira estrella, una de esas que brilla con luz propia en el firmamento de los embustes, ésa es decir que no hay agua para todos. Aunque sí es cierto que para todos los robos, saqueos y malversaciones de caudales que se llevan a cabo, ciertamente, no hay para todos.
Según un reciente informe presentado por Greenpeace: <<el robo de agua de los ríos y los acuíferos es tan elevado que hay provocado que varios tramos de ríos y decenas de fuentes y manantiales hayan desaparecido. Es el caso del nacimiento del río Mula, río Taibilla, arroyo de el Chopillo o manantial del Gorgotón, entre otros. Los pozos ilegales en la cuenca están extrayendo del subsuelo un 80% más agua de la que recarga de forma natural. Esto provoca, además, la salinización de los acuíferos, el principal problema de contaminación de toda la cuenca >>. Greenpeace denuncia que la Administración está permitiendo el robo de agua y el <<canje de caudales>>. En la Región de Murcia se ha desarrollado un entramado ilegal de tuberías que proporcionan agua a regadíos, campos de golf y urbanizaciones bajo el beneplácito de la Administración. Este entramado se extiende, al menos, por fuente Álamo (donde Greenpeace ha investigado 200km de tuberías ilegales) Mazarrón, Cartagena, Alhama de Murcia y Sucina-Murcia. Según los cálculos de Greenpeace, realizados con datos de la Confederación, la Comunidad Autónoma de Murcia, Esamur y estimaciones propias: <<El Segura podría disponer, una vez cubierta la demanda, de 308 hm3/año de agua para dotar a los nuevos ríos de los caudales de los que se ve actualmente privado y para recuperar los acuíferos sobreexplotado>>.
Después de todo este rosario de mentiras, seguir creyendo que el agua del Ebro es la solución a muchos de nuestros problemas es pedirnos mucho más que un acto de fe. Que Dios nos coja confesados.















