
Los hechos se remontan al 26 de diciembre de 2009, cuando Miguel y otras siete personas se vieron involucradas en un tiroteo a las puertas de una discoteca en Seixal, al sur de Lisboa.
La Fiscalía no ha revelado qué cargos de los tres formulados en el caso -robo, secuestro y posesión de armas- corresponden a cada uno de los implicados, aunque la prensa lusa atribuye sólo este último al futbolista.
Según el Ministerio Público, los acusados “formaban parte de un grupo especialmente violento” y en las viviendas de algunos de ellos se encontraron “armas de fuego prohibidas, puños americanos, un bastón metálico extensible y armas de descarga eléctrica” que sólo tenían por objetivo “ser usadas en agresiones”.
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