Una visita inesperada (por Dinamite Rob)

Una visita inesperada (por Dinamite Rob)

Notapor Punto Deportivo » Mié Dic 01, 2010 10:15 pm

Una visita inesperada

Por Dinamite Rob



Lezcano se despertó sobresaltado. La noche era muy fría pero su sensación térmica era de un calor inusitado. Su mujer, que hasta ese instante dormía a su lado, se despertó a su vez debido al ruido provocado por su marido.

-Lezcano, ¿qué pasa? – le dijo su mujer con voz dormida.
-Cariño, me ha vuelto a pasar. El sueño.
-Pero, ¿otra vez? ¿Y ocurría lo mismo? – espetó la mujer, a la cual la cara se le había vuelto con aspecto de preocupación.
-Sí. - dijo Lezcano-. Más o menos lo mismo, ya sabes. Lo que pasa es que últimamente parece tan real…
-Pues como todos los sueños, cariño – le dijo su mujer-. Anda, duérmete otra vez y descansa, que mañana tienes una cita.

Los dos se dieron media vuelta, cada uno hacia su lado de la cama, y siguieron durmiendo. Ella lo consiguió, él no logró conciliar el sueño hasta que se tuvo que levantar.

La mañana amaneció tranquila, soleada. Lezcano pensó que era la mañana perfecta para desayunar tranquilamente y salir hacia la cita que unos amigos habían preparado.
Su mujer había salido a comprar, ya le había dicho esa misma mañana que tardaría, que también iba a la peluquería. Así que Lezcano comenzó a hacerse su desayuno tranquilamente. Tostadas y café con leche caliente. Mientras lo hacía, escuchó un ruido tras él. Le acababa de dar la sensación de que alguien había entrado en la casa y que en ese mismo instante le estaba observando justo detrás de él. Agarró un cuchillo que tenía al lado, en el mármol de la cocina, sin apenas moverse y sin darse la vuelta.

Lezcano, armándose de valor, en ese preciso instante, se dio la vuelta lo más rápido que su maltrecha cadera le dejó, con el cuchillo agarrado firmemente. Cuando vio a la persona que tenía delante, el cuchillo se le cayó al suelo y su cara se puso casi tan blanca como la pared.

La persona que Lezcano tenía enfrente era más o menos de su edad, bajito, y con los rasgos de la cara algo rasgados.

-Hombre Lezcano, tú tan impulsivo como siempre, veo que las cosas siguen igual. ¿Tú ves bonito apuntar a un amigo con un cuchillo? –dijo la extraña presencia con una sonrisa en los labios-. No te quedes ahí hombre, ven a darme un abrazo.

Lezcano reaccionó tarde, no se podía sobreponer a lo que estaba viendo. Se dio un manotazo en la cara.-“Esto tiene que ser un sueño, uno de esos sueños que tengo últimamente y que parecen tan reales”, pensaba Lezcano. Pero no, el único efecto que tuvo el manotazo fue la marca de los dedos en su mejilla.

-R…Ro…¿Romero? –dijo Lezcano cuando por fin consiguió articular alguna palabra-.¿Eres tú?
-Pues claro que soy yo, viejo amigo.¿Conoces a alguien más con esta cara y que se llame diferente a mí? –dijo Romero, siempre con una sonrisa en su boca-. ¿No me vas a invitar siquiera a sentarme?

Lezcano tenía mil preguntas en ese momento, pero no podía formular ninguna, sólo podía admirar la figura de su amigo, intacta desde la última vez que lo había visto, hacía apenas un par de años más o menos.

-Cl…claro hombre, vamos a sentarnos –le dijo Lezcano a su amigo, con voz temblorosa.
-Sé que te preguntarás que qué hago aquí, pero dejemos las formalidades para el final, ¿te parece? –dijo Romero, otra vez riendo.
-Claro, como quieras amigo.

Tomaron asiento, uno al lado del otro, como en infinidad de alineaciones, como en infinidad de partidos, siempre al lado, siempre juntos.

-Bueno, ¿qué te cuentas Lezcano?¿Cómo te va la vida?
Para ese momento, y una vez sentados, Lezcano había recuperado el color de su cara y se serenó de manera notable. Estaba encantado de tener esa visita en casa.
-Pues aquí ando amigo, con mi muleta, no tengo la cadera ya para muchos trotes, la edad no perdona. ¡Con lo que nosotros hemos sido, Romero!.
-Y que lo digas amigo, y que lo digas. Oye,¿recuerdas como llegué al Elche? Jajajajajaja. Como me engañaron. Yo que pensaba que venía a uno de los grandes, Lezcano. Desde Paraguay, con una maleta llena de ilusión, y me encontré lo que me encontré. Pero quise hacerme hueco en España y una vez aquí no podía desaprovechar el poder jugar en un equipo español. Y mira por donde Lezcano, gracias al Elche te conozco. El Elche fue uno de los equipos de mi vida y tú, el mejor amigo que jamás puede tener una persona.
-Ya será menos, Romero –dijo Lezcano con ojos brillantes.
-Oye, qué delantera aquella del CLERO –dijo Romero.
-Eso es inolvidable –apuntó Lezcano mientras los dos a la vez comenzaban a recitar los nombres de esos cinco magníficos.
-Cardona, Lezcano, Eulogio, Romero y Oviedo –recitaron al unísono.
-Oye, lo que recuerdo de una manera especial es aquel gol al Murcia, eso sí que pasó a la historia –dijo Lezcano, sonriendo.
-Calla, calla, el portero aun me anda buscando.

Los dos amigos rieron sin parar mientras recordaban hazañas de la juventud. La conversación era cada vez más natural, más amena. Romero reinició la conversación:
-Y el Elche actualmente, que mal está el pobre.
-Pues sí, -asintió Lezcano-. Y siempre hay gente dispuesta a apoyarlo ¿eh? No sé cómo tenemos tanta paciencia.

En ese momento, Romero puso gesto serio. Más que serio, emocionado, porque ahí mismo estaba el por qué de su visita a su admirado amigo Lezcano. Con los ojos mojados por unas finísimas lágrimas que empezaban a llegar a sus mejillas, Romero dijo:

-Lezcano, dije que los formalismos venían al final, y esta visita se acaba.¿Tú sabes por qué he venido a visitarte? Porque tú, con tus sueños y tus pensamientos, me mantienes vivo eternamente. Sueñas con muchas de las tardes gloriosas que pasamos juntos, piensas en mí cada vez que ves un partido de fútbol o vas al estadio, incluso a veces siento que me hablas de una manera tan espontánea como lo estás haciendo ahora mismo, pero sin tenerme delante. Estoy vivo en tu cabeza y en tu corazón, y te debía esta visita porque gracias a amigos como tú nunca he sentido que me he marchado. Sigo vivo. Pues esa es la respuesta a tu anterior pregunta. La gente que en estos momentos apoya al Elche, lo tiene en la cabeza y en el corazón, y nunca dejará que se muera. Porque si se le apoya, si se le quiere, si se le recuerda…si todas esas condiciones se dan, amigo Lezcano, un amigo nunca muere.¿Y qué es si no, para los aficionados del Elche, su equipo? Pues lo que tú eres para mí, un amigo al que nunca olvidaré, un amigo que nunca morirá.

Lezcano tenía los ojos anegados en lágrimas. No sabía cómo reaccionar, que decir ni que hacer. Sólo puedo abrazar a su amigo bien fuerte, sintiéndolo como el último abrazo que le dio antes de que su amigo se marchara.

-Lezcano, me tengo que ir ya. Allí arriba somos muchos compañeros los que estamos esperando que el Elche vuelva a ser lo que fue. Y no perdemos la esperanza. Aquí abajo tampoco lo hagáis, porque por un amigo se llega hasta el final. Como tú y yo, Lezcano, como tú y yo…

Ambos se levantaron, Romero se despidió de su amigo y se marchó tal como había llegado, sin hacer ruido. Lezcano se volvió a sentar, pensativo, entusiasmado y sin saber bien que hacer. Y se puso a recordar, otra vez, los grandes ratos pasados junto a su amigo Romero, para mantener viva para siempre la llama de la amistad. Desde ese momento supo que, hasta el final de sus días, pensaría en su amigo Romero, y que, cuando su fin llegara, los dos volverían a recordar juntos hazañas del pasado, y como no, los dos juntos volverían a vibrar con el equipo de sus corazones, tal y como lo habían hecho esa mañana, cada uno en su lado, pero juntos gracias al corazón.
Saludos del equipo de Punto Deportivo.
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