Mi propia historia del Elche-Villarreal B (por The Observer)

Mi propia historia del Elche-Villarreal B (por The Observer)

Notapor Punto Deportivo » Vie Dic 09, 2011 11:17 pm

Mi propia historia del Elche-Villarreal B

por The Observer

Sábado, 24 de abril de 2010. El Elche CF viene de ganar 5 de sus 6 últimos partidos, victorias cosechadas contra Albacete, Cartagena, Real Unión, Castellón y Betis, en un partido memorable de los franjiverdes que ganaron 0-3 con goles de Juli y Jorge Molina por partida doble. Únicamente un empate a 2 en casa contra Rayo Vallecano “manchaba” una racha de dos meses casi perfecta.

El viernes de la semana siguiente el Elche recibía en casa a un Villarreal B que estaba siendo la sorpresa de la liga, con jugadores como Marco Ruben, Jefferson Montero o Hernán Pérez, que a día de hoy triunfan en Primera División con sus respectivos equipos. Era probablemente el partido más importante de la temporada hasta el momento, ya que de ganarlo, el conjunto ilicitano se colocaría en puestos de ascenso. La directiva había puesto precios especiales para este partido con el propósito de que el coliseo franjiverde presentara una buena entrada. Por mi parte, tenia muy claro que quería ir a ver este partido al estadio.

Mi padre siempre me decía y a día de hoy sigue repitiéndome una frase de la que, ojalá este año me libre: “Seremos abonados del Elche cuando éste juegue en Primera División”. La temporada 2009/2010 yo seguía sin mi ansiado abono, pero pese a ello había ido a ver un gran número de encuentros y bajo ningún concepto contemplaba la posibilidad de perderme el siguiente. A lo largo de la semana, Paco Gómez en su conocido “Elche en punta” auguraba una muy buena entrada para el partido del viernes a las 21:00. La ciudad comenzaba a animarse con el proyecto del equipo y eso se notaba. El equipo de José Bordalás apuntaba muy buenas maneras, con un fútbol alegre caracterizado por la explosividad de los jugadores de ataque, especialmente la del ariete Jorge Molina, que posteriormente se proclamaría Pichichi de la liga con 26 tantos.

A mis 14 años, yo nunca había visto el Martínez Valero lleno para un partido del Elche. Lo más cerca que estuve del hito fue en un mítico Elche 5 Atlético de Madrid 1 de la temporada 2001/02 en la cual el equipo de Julián Rubio conseguiría obtener una meritoria quinta posición con posibilidades matemáticas de ascenso hasta la última jornada. Meses después, aquel Atlético de Madrid que salió goleado del fortín franjiverde quedaría líder de la categoría en solitario gracias en parte a un chaval espigado, delgado y rubio que años más tarde daría con su gol la segunda Eurocopa de su historia a la Selección Española.

Retomando el tema del partido contra el Villarreal B, cada día que pasaba de esa semana estaba más claro que el estadio presentaría uno de sus mejores aspectos desde hacía ya mucho tiempo. Desgraciadamente, yo no pasaba por uno de mis mejores momento académicos. 3º de la ESO me planteaba cada día mayores dificultades y quizá en mis resultados no se reflejaba todo mi esfuerzo. Mis padres, enfadados por mis recientes notas decidieron que merecía un castigo y no dudaron un momento de él: no iría el viernes a ver el partido contra el Villarreal B. Recibí la noticia como un jarro de agua fría. Iba a perderme el partido que llevaba esperando, no solo esa temporada, sino probablemente toda mi vida. Estábamos a lunes o martes (no lo recuerdo bien) y todavía tenía alguna posibilidad de convencerles, pero cada vez comenzaba a verlo más dificultoso.

Recuerdo que a lo largo de la semana no conseguía concentrarme. Solamente pensaba en lo mismo: Yo, Vicente Roca, fiel seguidor del Elche, no iba a estar el día que el estadio se llenaba. Jueves de la misma semana, el FC Barcelona (equipo del que soy simpatizante) se jugaba toda la temporada a un solo partido de vida o muerte. Había perdido 3-1 en el Giuseppe Meazza y sus posibilidades pasaban por ganar en el Camp Nou al Inter de Milán por una diferencia de dos goles o más. Vi el partido y la eliminación del Barça me entristeció como a cualquier aficionado, pero en ningún momento lo viví con la misma intensidad que lo hubiera hecho en una semana corriente y todo porque no estaría en el partido que el Martínez Valero se llenaría, tendría que conformarme con verlo en casa a través de la plataforma televisiva que ofertaba el partido. Era entonces, jueves por la noche.

Viernes por la mañana, día del partido. Me pongo mi uniforme para, como de costumbre, ir a la escuela. Los viernes solíamos finalizar las clases a las 12:15 y aquel día no fue una excepción. Volví a mi casa y sobre las 13:30 aproximadamente puse la radio para escuchar un último “Elche en Punta” antes del gran partido. El periodista Paco Gómez confirmó lo que a lo largo de la semana se estaba intuyendo: aquella noche el estadio rozaría el lleno. Por desgracia, yo ya sabía que no iba a contribuir en el “llenamiento”, ni siquiera tenía entradas. Aquella tarde, hablé con mi primo mayor que sí iba a ver el partido. Estuvimos un rato dialogando, él me dijo que se ubicaría en el anillo de preferencia; me propuso sentarme a su lado, pero yo tuve que darle la mala notícia de que no vería el partido en el estadio.

Eran casi las 20:00 y yo me encontraba solo en mi casa. Por fin lo vi, lo vi tan cerca que asustaba: faltaba poco más de una hora para comenzar el partido y yo seguía en mi casa. No sabría explicar muy bien por qué, pero en ese momento arranqué a llorar, viéndome impotente a todos los efectos. Lloraba por lo dura que había resulta la semana, pero mayormente porque el partido iba a comenzar en una hora y yo no estaba sentado en una butaca del campo. Justo en ese instante, como caído del cielo, entró mi padre por la puerta de casa. Iba a arreglarse porque esa noche él y mi madre cenaban con unos amigos. Me vió realmente triste y en ese momento, entre llantos le prometí que iba a esforzarme al máximo lo que restaba de curso, que no tendría otro objetivo más que aprobar todas las asignaturas desde ese momento hasta finales de junio. Nunca hemos vuelto a hablar del tema, pero siempre he pensado que en ese momento sintió un gran orgullo de ver que mis palabras eran sinceras y de que, quizá ya había aprendido la lección (apuntar que finalicé el curso con todas las asignaturas aprobadas) . No lo dudó un instante, ni siquiera se cambió de ropa y enseguida nos pusimos camino al estadio, porque sí, iba a llevarme al partido. Le di un abrazo con todas mis fuerzas como señal de agradecimiento.

Serían las 20:15 cuando salimos de Crevillente rumbo al feudo ilicitano. Por desgracia, mi padre no podía ver el partido conmigo debido a la cena que tenía y no contemplaba como una opción ver el partido solo. Optamos por lo más lógico: llamé a mi primo mayor, el cual me dijo que ya estaba dentro del estadio y me dio las indicaciones necesarias para sentarme a su lado y el de sus amigos.

Cuando por fin llegamos faltaba poco más de un cuarto de hora para el comienzo del partido. Nos pusimos en la taquilla pero desgraciadamente nos informaron de que solo quedaban entradas en el anillo de tribuna. Desde ese instante, comenzamos la búsqueda de alguien que tuviera una entrada de más y pudiera dármela. Tras algunos intentos, le preguntamos a un señor de raza gitana, el cual acababa de dar las dos últimas entradas que le quedaban. Aquel hombre se sintió triste por no tener una para mí, pero igualmente agradecimos su interés. Cuando ya se antojaba prácticamente imposible entrar al campo, mi padre habló con dos señores mayores a los cuales a día de hoy les sigo agradecido. Tenían entradas para el anillo de preferencia, justo donde yo las necesitaba. Uno de ellos, según dijeron, tenía vértigo y no se le veía convencido de querer entrar. El otro, solidarizándose, optó por no entrar tampoco y me regalaron las dos entradas, un gesto que decía mucho de esos buenos hombres. Pasé de no tener entradas a que me sobrara una. Para no ponerme por el final, estos señores que se encontraban al principio de la cola me cedieron su sitio. Me despedí de mi padre y por fin, faltaban 5 minutos para comenzar el partido y yo me encontraba dentro del estadio, sentado en mi butaca al lado de mi primo.

El resultado final obviamente me entristeció, pero salí del partido relativamente satisfecho, consciente de que todo mi esfuerzo obtuvo unos resultados y de que presencié en directo la mejor entrada del siglo XXI en el Martínez Valero.


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Re: Mi propia historia del Elche-Villarreal...(por The Obser

Notapor shinnosuke » Sab Dic 10, 2011 12:31 am

Me ha gustado mucho :palmas: :palmas:
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Re: Mi propia historia del Elche-Villarreal...(por The Obser

Notapor FISQUERO » Sab Dic 10, 2011 1:06 am

Leyendo este relato se comprende la grandeza de la afición al deporte del fútbol, y al tiempo eleva a Primera División, la categoria del buen aficionado.

Precioso :palmas:
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Re: Mi propia historia del Elche-Villarreal B (por The Obser

Notapor Punto Deportivo » Dom Dic 11, 2011 1:20 pm

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